
Hay noches en las que no sabes cómo, pero lo que era despiporre y descojono de repente se convierte en caos y maldad. Eso fue lo que me pasó una noche hace bien poco amigos.
Tras gatear un rato (las buenas costumbres no hay que dejarlas) nos dirigimos al Pipa Club a rematar la noche. Yo y mi castaña nos estábamos meando y fuimos al baño, con tan mala suerte de que tras pasarme doscientos años recorriendo el bar, el baño sólo era para chicos. Pero dije: "Bah, esto con tu retórica y enseñando un poco de canalillo es solucionable", y me puse a hablar con todos los tíos que esperaban en la cola.
Me había camelado nada menos que a 5 tíos y me metí en el baño tan feliz cuando un hijo puta, que o bien era sordo y ciego o gay, pero tonto seguro (son las posibles causas para que no cediese ante mi verborrea y mis encantos) empezó a armar bulla y se metió conmigo en el baño para que no meara. Lo siguiente que recuerdo era a mi amiguito el segurata con ojos chinados en sangre echándome del local. La conversación con él no tuvo desperdicio:
-Por favor, si me vas a echar, déjame al menos avisar a mis amigos, que tengo el móvil sin batería y no saben donde estoy.
- ¿Pero que hacías con ese tío en el baño, ibas a follártelo?
- ¿Pero qué dices?
- Que si lo que quieres es follar, ¡Folla conmigo! Mira, hay ahí un armario que nos podemos ir ahora y nadie nos ve.
- Si bueno, ¿y quién te sustituye?
- Bah, si por 15 minutos que falte no pasa nada.
(No sé qué me ponía más berraca, si los 15 minutos, el armario, o el tío chungo este)
- No no, que no vamos a follar, no insistas.
- A ver, ¿Pero tú tienes ganas de follar?
- Mmmm, sí. (Los borrachos, el pulpo Paul y los niños nunca mienten)
- ¡Entonces vamos!
- No tan deprisa amigo. Sí, tengo ganas de follar, pero no contigo. (El alcohol me la seguía jugando)
Después de esta genuina contestación, la cara del tío cambió de color y ya decidí echar patas, que no se la puede una jugar tanto con gorilas de ese calibre.
Así que ahí estaba yo, en medio de plaza Real, intentando no quedarme dormida porque me podían robar hasta las bragas y rezando para que salieran mis amigos. Pero la suerte no me acompañaba.
La culpa también la tengo yo, que entro en un bar y tardo menos en perderme que Jorge Javier Vázquez en la cabalgata del Orgullo.
Gracias a Dios un tío muy simpático, aunque era un poco feo (no se puede tener todo en esta vida) me estuvo acompañando un rato hasta las 5 y ya me pude ir.
Pero aquí no iba a acabar mi mala suerte, ya que iba a ser la hermosa noche de "Acoso en la línea 4" y en lo que daba cabezadas de repente me encontré rodeada de tíos proponiéndome una semi orgía. Mi sesión de footing iba a continuar.
Creo que nunca he estado tan feliz de abrir la puerta de casa. Esa noche tuve que dormir con super Harry porque tenía miedo de que entraran a violarme gamusinos por la ventana. He determinado que jamás volveré al Pipa Club, pero mi valentía me seguirá permitiendo salir a buscar al padre de mis hijos en las noches Barceloninas.
Y hasta aquí puedo leer.
MM

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