lunes, 26 de julio de 2010

Capítulo 13: Welcome back to Magicland


Cuando conoces a buenos especímenes no hay que dejarlos marchar. Por eso, aunque habían pasado casi 3 meses sin saber nada de él, cuando el colegui del gremio de Harry Potter me propuso volver a quedar, no me lo pensé dos veces. Además, entre la castaña de la vez anterior y las extrañas circunstancias vividas, no me había dado tiempo a profundizar realmente en el mundo de este peculiar personaje. (Bueno, y que estaba pasando más hambre que los patos de Manolo)

Eran las 6 de la mañana y me faltaban 2 paradas de metro para llegar a casa, pero que levante la mano quien no sea capaz de recorrerse entera otra vez la línea de metro para echar un buen kiki(y hubo huelga de manos caídas).

Si bien yo pensaba que la noche tendría su magnífico colofón final y a sobarla (ZzZZzZ) no podía estar más equivocada. Al llegar a su casa parecía que el botellón acabara de empezar, y los personajes integrantes no parecían fruto de la casualidad. Una erasmus que se apunta a un bombardeo, un pelirojo enquetaminado, un bakalaero, un pijo, cervezas por doquier, por no hablar de mi singular acompañante... El friki finde acababa de empezar.

A la mañana siguiente, este hombre me propuso ir de Vermouth (Para mí Vermouth=Satán, mis domingos son de amebación)pero dada la noche anterior, algo me decía que debía dejarme llevar.

En efecto: Primero fuimos a un bar mítico cutre de pueblo en el que había todo personajes: Bacalas metidos, viejos con bigotes de malo de los trotamúsicos, viejas con joyas y visón, peña super drogada... Lo mejor es cuando te vas al baño y una puerta falsa se abre dando paso a un after casi a oscuras de dos metros de alto donde no ves ni quién tienes a medio metro, y la gente parece estar en pleno pont aeri a las 3 de la tarde. Que yo pensé: ¡Jodo, cuántas veces me he comido trolls con más luz que aquí!¡Si te descuidas un poco y con la drogada que tienes que tener a estas horas, sales agarrada de Mariano el de Aquí no hay quien viva!

Y por la pinta, debía de ser así. Según las anécdotas que iban surgiendo, se ve que más de uno había sucumbido del ciego y se había follado en medio de la colgadura a viejas de 60 años, o lo que ellos llamaban cariñosamente "La crema catalana".

A las 5 de la tarde, como no podía ser de otra manera, volvimos a casa a hacer botellón. Y juro que la recua de personajillos que se fueron apuntando, era cada uno más peculiar que el anterior. Sólo diré que acabé a las 10 de la noche jugando al ahorcado con unos coleguis que eran una mezcla entre Luisma el de Aída y el Nen de Castefa.

Y el lunes volví a mi casa sin poder con mi alma para ducharme y marchar a trabajar, pensando que iba a fallecer, pero que me quiten lo bailao.

Y como buen Mago, apareció y volvió a desaparecer, o quizá fui yo la que desaparecí. Aunque puede que nuestros caminos se vuelvan a encontrar muy próximamente... Las noches en el Arena son muy traicioneras.

Hasta aquí puedo leer.
MM

domingo, 18 de julio de 2010

Capítulo 12: Incidencias nocturnas


Hay noches en las que no sabes cómo, pero lo que era despiporre y descojono de repente se convierte en caos y maldad. Eso fue lo que me pasó una noche hace bien poco amigos.

Tras gatear un rato (las buenas costumbres no hay que dejarlas) nos dirigimos al Pipa Club a rematar la noche. Yo y mi castaña nos estábamos meando y fuimos al baño, con tan mala suerte de que tras pasarme doscientos años recorriendo el bar, el baño sólo era para chicos. Pero dije: "Bah, esto con tu retórica y enseñando un poco de canalillo es solucionable", y me puse a hablar con todos los tíos que esperaban en la cola.

Me había camelado nada menos que a 5 tíos y me metí en el baño tan feliz cuando un hijo puta, que o bien era sordo y ciego o gay, pero tonto seguro (son las posibles causas para que no cediese ante mi verborrea y mis encantos) empezó a armar bulla y se metió conmigo en el baño para que no meara. Lo siguiente que recuerdo era a mi amiguito el segurata con ojos chinados en sangre echándome del local. La conversación con él no tuvo desperdicio:

-Por favor, si me vas a echar, déjame al menos avisar a mis amigos, que tengo el móvil sin batería y no saben donde estoy.
- ¿Pero que hacías con ese tío en el baño, ibas a follártelo?
- ¿Pero qué dices?
- Que si lo que quieres es follar, ¡Folla conmigo! Mira, hay ahí un armario que nos podemos ir ahora y nadie nos ve.
- Si bueno, ¿y quién te sustituye?
- Bah, si por 15 minutos que falte no pasa nada.

(No sé qué me ponía más berraca, si los 15 minutos, el armario, o el tío chungo este)

- No no, que no vamos a follar, no insistas.
- A ver, ¿Pero tú tienes ganas de follar?
- Mmmm, sí. (Los borrachos, el pulpo Paul y los niños nunca mienten)
- ¡Entonces vamos!
- No tan deprisa amigo. Sí, tengo ganas de follar, pero no contigo. (El alcohol me la seguía jugando)

Después de esta genuina contestación, la cara del tío cambió de color y ya decidí echar patas, que no se la puede una jugar tanto con gorilas de ese calibre.

Así que ahí estaba yo, en medio de plaza Real, intentando no quedarme dormida porque me podían robar hasta las bragas y rezando para que salieran mis amigos. Pero la suerte no me acompañaba.

La culpa también la tengo yo, que entro en un bar y tardo menos en perderme que Jorge Javier Vázquez en la cabalgata del Orgullo.

Gracias a Dios un tío muy simpático, aunque era un poco feo (no se puede tener todo en esta vida) me estuvo acompañando un rato hasta las 5 y ya me pude ir.

Pero aquí no iba a acabar mi mala suerte, ya que iba a ser la hermosa noche de "Acoso en la línea 4" y en lo que daba cabezadas de repente me encontré rodeada de tíos proponiéndome una semi orgía. Mi sesión de footing iba a continuar.

Creo que nunca he estado tan feliz de abrir la puerta de casa. Esa noche tuve que dormir con super Harry porque tenía miedo de que entraran a violarme gamusinos por la ventana. He determinado que jamás volveré al Pipa Club, pero mi valentía me seguirá permitiendo salir a buscar al padre de mis hijos en las noches Barceloninas.

Y hasta aquí puedo leer.
MM