
Hay algo que tengo que reconocer: Mis amigas de Salas son unas auténticas cabronas. Pero a veces me encanta.
Era un año difícil, en fiestas de Santa Lucía, y yo me hallaba un tanto en necesidad de pillar cacho porque me veía cantando "el Cacao".
El Cacao, para los que no lo sepan, es una antológica tradición salense que se extiende entre los jóvenes de la localidad, que reza con la siguiente premisa: Existe un periodo estipulado en verano en la que todo joven en edad de merecer ha de pillar cacho. Este periodo se inicia con la festividad del Carmen el 16 de julio y acaba con la última verbena de Santa Lucía(el lunes después del tercer fin de semana de septiembre, a ojo virulo).
Si el sujeto en cuestión no logra su objetivo, será obligado a la humillación social de cantar el cacao:
-Cacaoooo, maravillaooo, otro verano que tampoco hemos pillaoooo...
Para este propósito, no es válido ni pillar cacho fuera de la comarca ni besarse con un amiguete para salvar, claro está. Así que, como os podéis imaginar, Santa Lucía se convierte en una jauría colectiva para intentar apurar en el último minuto, algunos con éxito, otros no tanto.
Y nada, como venía diciendo, estaba gastando ya el último cartucho. Y de repente, se me acerca un tío monísimo, en respuesta a mis plegarias. ¡Coño, navidades anticipadas! Yo ya estaba con la baba como el perro de Paulov, cuando de repente el tío empezó a cagarla profundamente (no, si ya decía yo que esto pintaba demasiado bien): Empezó a hablar.
¡Que tío más subnormal! Parecía que llevaba hasta meses entrenando para ser tan tonto. Pero bueno, como soy la reina de las causas perdidas, el tío la verdad estaba bueno, y el cacao me acechaba, le di un poco de coba. El tío, que no paraba de soltar perlas pero la táctica del buitre leonado la controlaba bastante, me acorraló contra una pared para seguirme dando la chapada mortal.
Yo ahí estaba aguantando mecha, mientras veía que mis amigas algo tramaban, totalmente descojonadas. Subían al baño, bajaban, se volvían a descojonar, volvían a subir...
A todo esto, al cabo de media hora, le solté ya la perla del año porque estaba básicamente hasta la seta: -Tío, sinceramente, con lo bueno que estás, cuanto mejor hubieras sido sordomudo. Sus ojos estaban empezando a salirse de sus órbitas, cuando de repente, algo nos salpicó, y descubrimos la fechoría: Mis amigas, viendo que el tío era más gilipoyas que el primero que matan en las pelis de terror, se habían dedicado a tirarle vasos de agua a la espalda. Y era curioso, porque el tronch llevaba puesta una chaqueta vaquera, y mis amigas flipando porque eso era más absorbente que el nuevo papel de colhogar. Las hijas de puta decían: Jodo, como chupa!Vamos a rellenar!!
El tío, entre la cocida y su plan de ataque, ni se había enterado. Hasta que ya se les fue un poco la mano. En ese preciso momento, el colegui se puso a hacer revisión de daños, y se quitó la vaquera, con lo que se descubrió el misterio: Debajo llevaba un polar que era el que se había chupado todo el agua. El jodido había engordado 3 kilos de repente. A estas alturas mis amigas ya estaban por el suelo despolladas perdidas y con la mandíbula desencajada.
El gañán se pilló un rebote de cojones, por no decir que tuvo que sisar ropa a no se quién porque estaba más mojado que un chino en un campo de arroz.
Así que no nos volvió a hablar en toda la noche. Qué pena...
En el fondo tengo que darle las gracias, porque pese a su soporífera chapada de concurso, todavía nos seguimos descojonando...
Próximos capítulos en Magdalena TV...

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