sábado, 13 de marzo de 2010

Capítulo 2: La belleza está en el interior...


Muchas veces me he preguntado si cuando un tío me ve la cara al dia siguiente no le entran ganas de salir corriendo. Yo personalmente, hay muchas veces que echaría a correr, y eso que estamos hablando de mí, que soy una persona a la que tengo bastante aprecio. En ese momento, cuando él se despierta y se te queda mirando, tengo siempre el horrible presentimiento de que estará pensando ¿Dios, ha llegado Halloween y no me han avisado?. Y es que claro, el poder del maquillaje no tiene precio, pero a la vez es un arma de doble filo.

Así que aquella noche, y aprovechando la coyuntura, decidí probar algo nuevo. La fiesta temática era "superhéroes" y tirando de mi bagaje y sarcástico humor traductoril, me disfracé de "Super heroína".

Sí, es lo que estáis imaginando, iba de toxicómana con capa. Total, no iba a pillar cacho igualmente, así que porqué no reirnos un rato.

Quité todo el maquillaje que llevaba puesto, me puse la cara aún más blanca, me acentué las ojeras y le añadí un poco de color amarillento para parecer enfermiza.
El efecto era muy real, daba miedo de cojones.

De todas formas era incapaz de imaginar las reacciones que iba a provocar en la gente por ir vestida de esa guisa... Creo que llegué a tener un disfraz realmente conseguido.

Así estaba yo, por una parte muy orgullosa de mi hazaña, por otra deprimida, porque veía que los tíos no se me acercaban ni pegándomelos con super glue-3.

Para colmo, era la típica temporada esta en la que pasas mas hambre que los patos de Manolo, y estas cosas queridos amigos, son muy duras para la autoestima. Ahora llegará el típico momento en el que muchos dirán: "Esta pasa hambre porque quiere." Y yo diré: Pues sí, para que engañarnos.

De todas formas aquí entra en juego mi teoría del San Jacobo: Prefiero no llenarme la tripa con San Jacobos si estoy esperando un entrecot de calidad. Aunque a veces el hambre te nubla el cerebro y acabas cediendo ante los quejidos vitales insidiosos que salen de tu estómago, o aplicado en otros ámbitos, quejidos no sólo de tu estómago, y en este punto cada uno que piense lo que quiera. (Bueno, y como dice mi amigo Alvalitros, si comes siempre jamón serrano de vez en cuando te apetece el chopped...Aunque sea por cambiar...)

Y en un momento, ya cabizbaja, resignada al rol que me había autoimpuesto, surgió lo inesperado: Un chico guapísimo (estas cosas son proporcionalmente subjetivas al alcohol que llevaba en vena -que era mucho- y a los gustos de cada uno), de los míos, entra por la puerta y se acerca, y me da un beso en la mejilla.

Dios! Pensé (Es que soy muy creyente) ¿esto a qué a venido? ¿Sería una apuesta? ¿Le faltarían horas de útero al sujeto en cuestión para haber cometido esa osadía?

Si algo me conocéis sabréis que no me iba a quedar sin saberlo. Y mucho menos dejar escapar a ese chico tan mono.

Y no, resulta que el chico lo había hecho porque le había salido de los santos cojones. Parecía normal. Creo que dijo que le había parecido "divertida" Además era simpático. Pero empecé a mirarlo detenidamente... Iba solo, rodeado de chicas, pijillo... No, si ya decía yo que no podia pintar tan bien, me había parecido a mí raro.

Y nada, otra noche que me fui a casa sin pillar, y empecé a considerar seriamente el comprarme un pepón para dormir abrazada a alguien por las noches.

Pero... que nadie piense que no volví a saber nunca más de este sujeto, porque entre que vivía en una ciudad pequeña y que el destino siempre es caprichoso cuanto menos, haría que volviéramos a encontrarnos un tiempo más tarde...

No se pierdan el capítulo 3 de "Cómo conocí a vuestro padre: El reencuentro" En MariaMagdalenaTV.

1 comentario:

  1. Uhhh, esta historia ya me la sé :P También podré contársela a mis sobrinos dentro de unos años sin que tengan que leerse los capítulos!

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